Rinden homenaje, de ese modo, a los llamados protomártires, Manolín Abad y sus compañeros, fusilados en las cercanías en 1848.
En el cementerio del Parque Mártires de la Libertad se encuentra un monolito que destaca sobre el entorno. Este elemento rememora el intento de tomar Huesca y extender la revuelta liberal, pero fue derrotado y sus líderes ejecutados por las tropas leales al gobierno de Narváez un cuarto de siglo antes de la proclamación de la Primera República.
Esta tarde lluviosa y desapacible, una decena de oscenses han desafiado lluvias y barro para acercarse al monolitos y, bajo el precario amparo de unos paraguas, dedicar unas frases y unos pensamientos a la memoria de esa España que, con más voluntad que acierto, intentó sacar esta tierra del secular abandono y retraso que arrastraba. Una intentona que duró poco tiempo y que finalizó, como otras tantas veces nos recuerda nuestra historia, con un pronunciamiento militar.
En este entorno rodeado de lápidas que recuerdan episodios trágicos de nuestra historia ciudadana, este grupo de personas, al igual que lo llevan haciendo desde hace dos décadas, se han reunido un corto lapso de tiempo. Han atendido una breve intervención del profesor Adé Buil acerca de los movimientos revolucionarios del siglo XIX y, eso sí, han bajado raudos a buscar consuelo en un café cercano. Atrás han dejado el monolito, al acercarse la oscuridad, con la sensación renovada de una promesa cumplida.
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